martes, 16 de junio de 2009

Hacer.

Hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo.
Y no es un trabalenguas. Aunque sí es algo aún más difícil.

No es problemas llevarlo a cabo de manera puntal, en un caso concreto; como no es difícil ser un héroe en un momento dado. Está en nuestro ser y llegamos a ello. Incluso nos complace, reconforta, enerva y llena. Y algo que produce endorfinas satisfactorias, lleva la recompensa e sí mismo, ¿verdad?

El problema es HACER (o ser un héroe) en el día a día, en lo cotidiano, en lo escondido... porque entonces no soy capaz de ver la recompensa; incluso me siento un poco tonta (por no decir que "disfruto" de la sensación de mártir o de incomprendida, infravalorada al menos.

Y sin embargo el fallo es sólo mío.... porqe es un no-ver, un no-querer-ver dónde he pueto la mirada, las espectativas.

Recapitulando: cuando pongo la mirada en el hombre, ser héroe "me sale". Cuando la pongo en Dios, me cuesta. ¡Para mí que soy rematadamente tonta!

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